En qué consiste el tercer grado penitenciario y a quién se le puede otorgar
Qué implica el tercer grado penitenciario
El tercer grado está reservado para aquellos reclusos que, por sus circunstancias, estén capacitados para llevar un régimen de semilibertad, o para aquellos que se encuentran enfermos en situación terminal. La principal característica de este régimen es que los reclusos pueden salir de prisión durante el día y solamente regresar para dormir. Durante el día pueden desarrollar actividades laborales, familiares, o recibir tratamiento, entre otras. El objetivo de este sistema de grados es establecer progresivamente un régimen que apoye la reinserción en la sociedad a los reclusos.
Quién decide si un preso tiene el tercer grado
A cada preso se le tiene que aplicar un grado nada más entrar en prisión, pero luego esta clasificación es revisada regularmente. Según el reglamento penitenciario, la Junta de Tratamiento Penitenciario evalúa si un preso reúne las condiciones para llevar un régimen de semilibertad y luego es finalmente el juez quien tiene la última decisión sobre si se aplica el tercer grado o no.
Los requisitos para dar el tercer grado penitenciario son muy variados y entran desde el historial individual y social del recluso, su situación familiar, los delitos que haya cometido o la duración de su pena. También entra en juego para valorar la aplicación del tercer grado el medio social al que va a regresar el recluso, las facilidades que pueda tener para reinsertarse y que sea un momento apropiado para ello.
Esta aplicación del tercer grado tiene algunos supuestos como que
si la pena es superior a cinco años, un juez puede determinar que no se pueda aplicar hasta pasada la mitad
de la condena
. En algunos delitos esta condición es obligatoria como los derivados de terrorismo, abuso de menores o delitos cometidos dentro de organizaciones criminales.