Por qué «Ma Rainey's black bottom» ha sido una decepción
El filme no podía tener un mejor arranque, sumergiendo al espectador en una «rave» de vodevil blues en un bosque de la Georgia profunda, pero el resto del montaje pierde fuelle a cada minuto que pasa. Está planteado como una obra de teatro, con un escenario único donde transcurre toda la trama, que no es otra que la tormentosa grabación que Rainey acometió en los estudios Paramount de Chicago en 1927. La idea, además de respetar el texto de Wilson, parece buena y original. Pero el director de la película, George C. Wolfe (curtido en Broadway), no consigue que los diálogos resulten todo lo chispeantes que cabría esperar a pesar de que las interpretaciones son absolutamente solventes. En las redes incluso se pide el Oscar póstumo para Chadwick Boseman, pero es muy posible que su candidatura quede lastrada por el pobre resultado de la cinta.
En «Ma Rainey's black bottom», la cantante llega a una ciudad desconocida y hostil, lejos de un Sur donde, paradójicamente, se siente respetada y querida. Sus músicos de sesión, tan protagonistas como ella en el guion, también acaban de llegar a la nueva meca de las grabaciones de blues para descubrir que, en el Norte que abolió la esclavitud, sigue habiendo un racismo rampante. Y es ahí, en la búsqueda de equilibrio entre la denuncia social y el retrato biográfico, donde la película hace aguas.
August Wilson utilizó aquella legendaria grabación como excusa para hablar de la discriminación racial, y Wolfe, seguramente imbuido por el Black Lives Matter, ha creído que ese leitmotiv era el ideal para contar la historia de Rainey en 2020. Pero seguramente se ha equivocado. La historia de esta cantante es interesantísima, pero Wolfe yerra en su intento de tratarla como un medio y no como un fin. Por eso, aunque la actriz Viola Davis esté magníficamente caracterizada y borde su interpretación, al terminar la película queda la sensación de que no conocemos mucho mejor a Rainey más allá de los tópicos que han trascendido con el tiempo.
Quizá Wolfe no tenía otra opción. La documentación sobre Ma Rainey y las fotografías de ella que han sobrevivido al paso del tiempo son escasísimas, su historia está llena de rumores, especulaciones y teorías, y es probable que dotar de verosimilitud y rigor a un biopic al uso hubiese sido una tarea casi imposible. Pero coger una historia de leyenda que nunca ha sido tratada en el cine, y contar sólo un episodio sin poner el foco en su protagonista, resulta muy desilusionante.