El Cádiz doblega a un Madrid agravado por el virus
El Madrid perpetró una primera parte tan mala que podría haber la firmado el mismísimo gobierno. Isco y Lucas Vázquez volvían a nuestras vidas. Nunca se fueron. Y Zidane decidía refrescar el once con... Modric y Kroos.
El Madrid jugaba de rosa para concienciar contra el cáncer de mama y para dar un poquito más el cante, si cabe. En un momento de la segunda parte, cuando anochecía, los colores de la camiseta se confundían con los del crepúsculo. Fue lo más bonito del Madrid.
El partido fue del Cádiz desde el principio. En ellos se percibía ganas y propósito. En quince minutos, tuvo una ocasión clarísima de Negredo que salvó Ramos con mucho mérito, otras dos o tres muy buenas, y un gol del Choco Lozano tras toque de Negredo, mejor en el pase que en el remate.
El Madrid estaba entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, un matiz ligerísimo pero desconcertante, un poco irritante en su nimiedad. El Cádiz no dejaba espacio entre líneas y era capaz de salir a la contra con acierto y velocidad, con movimientos elegantes y estudiados, pisando fuerte, con la ayuda de un Madrid entre el estupor y el caos, como si le acabaran de despertar de la siesta.
¿Qué hacer ante la falta de espacio? El Madrid daba algún pase lateral, pero sus atacantes quedaban parados, mirando como quien espera un autobús. A los 20 minutos, Isco espabiló un poquito (pero muy poco) por la izquierda, y Modric cogió el mando. Cuando pisó el balón, con gesto infantil y autoritario, de dueño del recreo, el partido le pasó por encima como el tráfico de una avenida. ¿Qué eran esos movimientos? Se vio claramente que no tenían nada que ver con la pelota.
Ese gesto de Modric era un principio de dominio, pero nada más. Zidane charlaba con Lucas Vázquez. Adivinar qué se decían sería descubrir el misterio de un entrendor que ha conseguido que su equipo juegue a la velocidad a la que él habla.
En el 34, el Choco se quedó solo tras un pase esclarecedor de Jose Mari, y Courtois la paró con la milagrería que es ya costumbre. Luego cantó o cantuvo en otra posterior, pero ya había salvado el gol de todos los partidos.
El Madrid reaccionó forzando un par de saques de esquina mediante un tesón burocrático. Uno de ellos lo remató Varane de cabeza. Antes del descanso, eso resumía todo su esplendor ofensivo en la hierba: un central en un córner. La posesión había sido del Madrid, pero no el espacio, lo cual lleva a desear una medida del fútbol para ello: no la posesión, que no dice gran cosa, sino el espacio disfrutado, creado.
En el descanso, Zidane hizo cuatro cambios. Era necesario el de Ramos, lesionado mutuamente en un golpe con Lozano, también sustituido. El Madrid se revitalizó un poco con Valverde, Casemiro y Asensio, pero su fútbol no ganó claridad conceptual: no hay conceptos, hay con-centros.
El Madrid hizo poco y fue a través de Vinicius: una jugada personal en el 55, un cuestionable remate de cabeza en el 66. Ledesma, el portero, parecía un liberado, no se le veía ni agacharse.
El Madrid no mostró espíritu ni sentido. El Cádiz salió menos a la contra, hasta que dejó de hacerlo, pero reforzó su blindaje: a veces eran dos líneas de cuatro; en los peores momentos, una de seis imperial. El Madrid queda resumido en el “bajar a recibir” de Benzema. Es la jugada favorita, clave, la delicatessen absoluta, la cuerda que mueve su reloj de cuco, pero si se analiza, es un pedirla al pie y comerle el espacio al centrocampista. Se suman lentitudes muy serias: la suya, la de Isco, la de los medios…
Salió Jovic en el 78 y Benzema, de siete, reavivó: chutó con fuerza al palo en el minuto 80. Fue el clímax y, por supuesto, absuelve a la estrella de toda crítica posterior.
No hubo más. El Cádiz gana por vez primera al Madrid, que podrá explicar con el virus FIFA algo que no es solo circunstancial. Viene de ganar una liga con unocerismo y lleva 6 goles en 5 partidos. La media es 1'2 por encuentro. Los peores Real Madrid ofensivos de ls últimas décadas fueron el del 90/91 y el del 2018/2019. Tenían dos cosas en común: el mismo promedio, 1’65 goles por partido, y parecida circunstancia. En el 90 se empezaba a perder a Hugo Sánchez, lesionado; en 2018 se iba Cristiano. Este Madrid apunta a algo peor, y está perdiendo la solidez defensiva que le salvaba.
La derrota contra el Cádiz, sin embargo, se explicará por el virus FIFA, uno contra el que la ciencia futbolística tampoco tiene remedio.