El Getafe se impone a la nada
Como en la resistencia contra la tiranía, vimos el partido cenando en un gran restaurante con Paco Marco, el mejor detective privado de España. Por el gusto de cenar, pero también por el deber de salvar la economía, y la libertad. No diré el nombre del restaurante, porque es terrible el revanchismo de nuestros lamentables gobernantes, pero sí diré que si estos cretinos de Esquerra, que son los herederos de los mayores criminales de nuestra historia, se piensan que nos vamos a rendir, están muy equivocados. Cada cliente de restaurante es hoy en Barcelona un Desembarco de Normandía, un asesino neutralizado de la FAI a la que armó Companys. Mucho menos heroico que yo, el Barça se defendía ante un Getafe que insistía, empujaba, y obligaba al rival a trabajar mucho más detrás que delante. Tenían más el balón los locales, y más controlado el partido. Messi chutó al palo, sin duda lo más destacado hasta el momento. Daba la sensación de que nadie acababa de mandar pero que el primero que se desconcentrara lo pagaría caro. Dembélé sin acierto, Griezmann todavía menos. Para diferenciar: Griezmann, intrascendente. Dembélé, desafortunado. Pedri brillaba en su noche más importante. Cabaco en el 27 vio una amarilla que pudo ser roja. Es curioso porque los centrales uruguayos saben muy bien lo que no pueden dejar pasar y están siempre dispuestos a pagar el peaje. En el 29, Griezmann pasó de intrascendente a clamoroso paquete fallando un gol cantado. Así no se puede jugar en el Barça.
Nyom lucía unos guantes negros ridículos, una protección excesiva contra un clima improbable. Parecía más bien un fanático fiel a diabólicos rituales. Por un codazo a Messi mereció una tarjeta entre amarilla y roja y Soto Grado no le enseñó ninguna de las dos. Mal el colegiado, real mente malo. En el 54 De Jong llegó tarde y le hizo un infantil penalti a Djene, tan claro que nadie en el Barça lo protestó. Muy mal De Jong. El primero en equivocarse, como decíamos, iba a pagarlo caro, y ahí estaba el Getafe, que nunca bajó la intensidad, adelantándose. Koeman entendió que era su momento y entró en el banquillo para planificar los cambios. Messi volvió al centro, Griezmann se desplazó a la derecha y entraron Ansu y Coutinho por Dembélé -pésimo- y Pedri, magnífico. Injusto que el francés permaneciera y que Pedri no pudiera acabar de expresarse.
Dormir el partido
El Getafe empezó a intentar dormir el partido -perdió 9 de los 26 primeros minutos de la segunda mitad- y Nyom, a pesar de su juego sucio y de su afán por la bronca no fue amonestado hasta el 71. No ayuda al fútbol que los árbitros sean complacientes con estos brutos que no aportan nada. El Barça no se rendía pero no conseguía hacer nada remarcable. De hecho, nada. Somos pobres, señores de la nada. Pobres con dignidad, desde que está Koeman, pero es un triste consuelo para los que lo poseímos los mejores castillos de Europa. Finalmente, Trincao entró por Griezmann y el «autor» del gol del Getafe fue reemplazado por Braithwaite. Buen intento, pero el partido siempre estuvo más cerca del 0 a 2 que del empate. Ninguna ocasión azulgrana. Larguero del Cucho, impotencia visitante. El equipo resistió sin descomponerse pero fue incapaz de generar nada, ni una sola oportunidad, y si el partido hubiera durado media hora más -prolongó 6 el colegiado-, habría sido el mismo naufragio.