El dolor humano
La concepción del dolor y sufrimiento en el cristianismo tuvo grandes consecuencias en la medicina antigua y, aun hoy en día, en la medicina moderna.
En la antigüedad se empleaba la magia para aliviar el dolor, pero luego la magia fue reemplazada por la religión.
La respuesta al dolor era el arrepentimiento y la oración.
El cristianismo no se conformó con aliviar el dolor físico, sino que, promete también la salvación.
El significado místico y espiritual se fue trasformando poco a poco en un fenómeno biológico.
La consagración del manejo biológico del dolor se produjo con el descubrimiento de la anestesia: “Hemos conquistado el dolor”, anunció a plana entera el diario londinense The People Journal en 1847, ante el descubrimiento de que podía realizarse una cirugía sin dolor.
“Nuestro oficio se ha librado, de una vez por todas, de sus horrores”, anuncio el doctor Henry Bigelow el 16 de octubre de 1846, ante un público boquiabierto que presenciaba una cirugía utilizando como anestesia éter.
A partir de ahí la medicina cambió, la cirugía se trasformó; quedaron atrás las carnicerías dolorosas y sangrientas de intervenciones quirúrgicas sin anestesia.
Las cosas han cambiado, la imitación cristiana del dolor, fue sustituida por la calidad de vida y por la dignidad humana; hoy resulta indigno vivir con dolor, morir sufriendo es algo horrendo. Pocos son los pacientes que intentan explorar su tolerancia al dolor.
La mayoría exigen la curación sin dolor físico.
“Usted duérmame doctor, yo no quiero sentir nada” es el reclamo de todos los enfermos.
La ciencia médica, curó el dolor de los Santos y Pecadores por igual; la medicina despojó al dolor de sus antiguos significados.
El éter, el óxido nítrico y el cloroformo abrieron la puerta, crearon un coma profundo durante la intervención quirúrgica, que no dejaba ninguna huella o secuela del dolor.
Ya no fue necesario amordazar, sujetar e inmovilizar o vendar los ojos a los pacientes. Tampoco habría que sufrir o padecer dolor para alcanzar o tener derecho a la felicidad.