El exministro mexicano que manejaba los cárteles de la droga
Ostentó cargos como comandante en cinco regiones militares, algunas de las más castigadas por el narcotráfico, y fue jefe de operaciones del Estado Mayor. Su currículum militar ha sido una ascensión constante hasta colocarle como secretario de Defensa con el anterior Gobierno (hasta finales de 2018). Obtuvo el primer puesto en el Grado como maestro en administración militar para la Seguridad y Defensa nacionales. Estudió en la Escuela Superior de Guerra, en el Heroico Colegio Militar y en Texas. Como dato curioso, estuvo involucrado en la reunión preparatoria de la conferencia especial sobre seguridad en Washington. Asistió a la celebración del día internacional de la lucha contra el tráfico ilícito de drogas. Y fue felicitado por el anterior secretario de la Defensa nacional por la «aplicación de la directiva para el combate integral al narcotráfico 2007-2012».
La Corte de Justicia que le reclama en Brooklyn (Nueva York) es la misma que sentenció al «Chapo» Guzmán y que lleva el caso de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad con Felipe Calderón, acusado de colaborar con el cártel de Sinaloa. La investigación sugiere que se inició antes de que Cienfuegos formara parte del más alto rango militar. Todo apunta a que la detención no se va a concentrar en una sola persona, aunque el actual presidente Andrés Manuel López Obrador ha declarado que no se ha iniciado ninguna pesquisa en su mandato. Afirma, eso sí, «que es un hecho muy lamentable».
Las detenciones de altos cargos de Calderón y Peña Nieto ponen en entredicho su unión con Estados Unidos para erradicar el narcotráfico. El arresto de un militar en México no es nuevo. En la actualidad hay 13 altos cargos en prisión, como el teniente coronel Silvio Hernández Soto, el escolta de López Obrador en 2006.
Como presagio, en 2018 la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (la séptima región militar mexicana de la que tuvo el máximo control) suspendió su nombramiento como doctor «honoris causa» porque «recibir al jefe de la guerra interna contra el pueblo en un campus universitario representaría una afrenta a estudiantes y académicos del país».