Desesperación en los bares de Lérida, cerrados por tercera vez este año
Recapitulemos. Los bares de Lérida cerraron por primera vez en marzo, con la activación del estado de alarma en el conjunto de España. Permanecieron apartados de la clientela hasta mayo, cuando Lérida avanzó a la fase uno y se reabrieron las terrazas con un aforo máximo del 50% en las mesas y con distancias de dos metros. Poco duró entonces la alegría porque en julio la ciudad volvió a ser confinada y los bares y restaurantes, cerrados nuevamente. Ese fue el primer golpe «diferencial» para un sector también afectado por la caída del turismo. Ahora, los bares de la ciudad se ven obligados a cerrar de nuevo, como en toda Cataluña, por un periodo de, al menos, quince días.
«Lo están haciendo todo mal. Yo he abierto por la mañana y he cerrado al mediodía, cuando la restricción ya era oficial. He tenido que aprovechar hasta el último momento para hacer algo de caja», explica Pilar por teléfono mientras atiende los (pocos) pedidos a domicilio que le llegan a su local especializado en tapas y paellas. Santiago, del cercano Bar Real, coincide con ella. «La situación es incomprensible, es injusto, ha sido un golpe bajo», señala mientras confiesa que él, como muchos en toda Cataluña, ha decidido abrir y montar su terraza agarrándose a la confusión administrativa generada las últimas horas. No en vano, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña señaló el jueves que la orden del Govern tenía errores de forma y no fue hasta ayer por la tarde que dio por buenas las medidas. Mientras tanto, la patronal del sector hostelero catalán ha anunciado que recurrirá la decisión en los tribunales y pedirá su suspensión cautelar.
«La situación en Lérida es dramática. Llevamos ya tres paros seguidos. Más allá del fondo de la cuestión, el cierre, no preocupan las formas, que no han podido ser peores», asegura en declaraciones a este diario el secretario general de la Federación de Hostelería de Lérida, Ramon Solsona. Desde la entidad son muy críticos con la Generalitat por los tempos usados. «Se dijo de cerrar casi el día antes, solo aquí hay 10.000 trabajadores en el sector, hasta la noche previa estábamos pendientes y con las neveras llenas», lamenta. La sensación generalizada en Lérida es que no había «dos sin tres» pero que aun así, a pesar de la experiencia acumulada, nada han aprendido las autoridades sanitarias y políticas. Además, desde la federación claman que es falso que los bares sean un foro de contagios de Covid-19 y lanzan una propuesta: hacer un toque de queda, como en Francia. «Es más duro, pero más preciso, y sobre todo más justo, los hosteleros estamos pagando justos por pecadores», concluye Solsona.