Reporteros de TV en tiempos de coronavirus: miedo y orgullo en primera línea de fuego
«Estás tan concentrada en hacerlo bien y ayudar que el miedo al contagio lo tienes cuando vuelves a casa. Daba más pesadumbre ver tanto drama»Malena Guerra, Informativos Telecinco
Cinco profesionales de la cámara y el micrófono, todos ellos de distintos programas de Mediaset, cuentan a ABC sus experiencias en las últimas semanas, en primera línea de virus. Han pasado miedo y algunas penalidades, pero se muestran agradecidos por haber podido ayudar cuando más falta hacía y porque han visto el lado bueno del ser humano en medio de una tragedia que no olvidarán nunca.
No tantos insultos
«Los que te insultan son los menos, por suerte. Muchos te reconocen el trabajo y otros te dan las gracias por darles voz. Es gente que lo pasa mal y ve en la tele un altavoz, personas que no llegan a fin de mes, han perdido a un familiar o deben recurrir a un comedor social. Me quedo con esa labor de servicio público que realiza la tele», cuenta Fabián Pérez, reportero de «Todo es mentira» (Cuatro).
«Hemos tenido la oportunidad de ser más útiles. Te permitían hacer ese periodismo social que todos teníamos en mente en la carrera»José Araque, «Ya es mediodía»
«Hemos mostrado las calles vacías, el dolor, el silencio y la solidaridad de muchos españoles. Estoy encantado con los comentarios y las muestras de cariño. Algunos días me he emocionado. He vivido solo durante tres meses y los testimonios se convirtieron en una compañía, pero el reconocimiento real lo merecen los sanitarios y cada persona que ha luchado para frenar esta pesadilla», añade Miquel Valls («El programa de Ana Rosa», Telecinco).
José Araque, en el programa de Sonsoles Ónega -
Varios reporteros celebran el cambio de orientación que experimentaron sus programas ante la demanda de información sobre el Covid-19. «Hemos tenido la oportunidad de ser más útiles. Te permitían hacer ese periodismo social que todos teníamos en mente en la carrera. Yo pude denunciar la situación de una residencia donde habían muerto 80 ancianos y decían que eran 10. Eso fue muy gratificante», afirma José Araque («Ya es mediodía», Telecinco).
El reportero celebra que la enfermedad pasara de largo por su familia, pero sostiene que «hay que responder de alguna forma, tener buen karma, ser más útil y dedicar dos horas por la tarde a llamar a gente que no cabe en el programa». También confiesa los momentos de miedo y de pedir que no les expusieran más de lo necesario:«Somos reporteros, pero somos humanos. Si no nos afectara, no haríamos bien nuestro trabajo».
«Muchos te dan las gracias por darles voz cuando lo pasan mal. Me quedo mucho más con esa labor de servicio público que realiza la tele»Fabián Pérez, «Todo es mentira»
Omar Suárez es un caso especial, porque trabaja para «Sálvame» (Telecinco), un magacín en el que «en un principio estos temas no tienen cabida, pero con cuatro o cinco horas en directo tienes que estar pegado a la actualidad». Hijo mayor de padres sordos, a Omar le tocó madurar antes de tiempo. «Desde los cuatro años era la voz de mis padres por teléfono, por ejemplo». Con las mascarillas, publicó algo que fue «malinterpretado». «No me quejaba de usarlas, sino de no tenerlas transparentes».
Suárez es autor del libro «Reportero en apuros», que ahora pide a gritos una segunda parte. «El material de trabajo ha cambiado. El pinganillo antes lo traía el cámara. Ahora cada uno lleva sus propios cascos, que es más higiénico». Miquel Valls explica que también trabajaba siempre con el mismo operador de cámara: «Cada día desinfectamos los micros, los plastificamos y cambiamos el precinto después de cada entrevista. Siempre utilizamos mascarillas y guantes».
Lo peor de estas medidas es que ha perdido «proximidad con la calle, como si hubiera una barrera invisible». A cambio, Suárez ha notado más solidaridad de los compañeros. «En otras ocasiones me daba rabia que te miraran como a un intruso. Yo empecé en informativos en TVE y alguien que hace informativos a lo mejor no está preparado para entretener. Nosotros, que somos tan maltratados, estamos preparados para cualquier cosa».
«Estoy encantado con las muestras de cariño. Algunos días me he emocionado. He vivido tres meses solo y los testimonios se convirtieron en una compañía»Miquel Valls, «El programa de Ana Rosa»
A Valls tampoco le parece justo que los miren por encima del hombro. «¿Eres menos riguroso o menos periodista por trabajar en un magacín? No. La información que cuento es la misma que pueden leer en un periódico, escuchar por la radio o ver en un informativo. Antes los presentaba. Ahora cuento las historias de un modo más cercano, acompañando a los espectadores y les acerco las vivencias de la gente de la calle con una ventana al exterior siempre cargada de verdad. Eso te exige mucho más, porque tienes que ofrecer información, acercar la denuncia de cada persona y conseguir que llegue al espectador».
Periodismo de calle
Desde la trinchera de los informativos, Malena Guerra, coautora de los libros «Red de mentiras» y «Tras el muro», también agradece ese contacto con la realidad. «Es fundamental. La pandemia nos ha sacado a lo bestia. Los que hemos pisado la calle 24 horas hemos descubierto que habíamos perdido el pulso. No hay que esperar a que llegue la información por otra vía, como las redes sociales. A veces los jefes también te quieren cerca, pero es necesario salir y palparlo. La pandemia nos ha traído un recuerdo de la calle como escuela y donde consigues las grandes noticias, con cercanía y con humanidad».
«Alguien de informativos a lo mejor no sabe entretener, pero nosotros, tan maltratados, estamos preparados para cualquier cosa»Omar Suárez, «Sálvame»
Guerra también reconoce que el roce con la realidad escuece y que salió llorando del Severo Ochoa al darse de bruces con la tragedia: «No se me olvidan los coches particulares de gente que llegaba aterrorizada, con sus familiares cayéndose. Era un no parar. Los médicos salían y nos echaban broncas por no llevar mascarillas, cuando el Gobierno nos decía que no lo hiciéramos. Una compañera, Silvia, entró en la zona de urgencias del Doce de Octubre. Luego hablábamos y no dábamos crédito».
Y sin embargo, en esos momentos no pensaban en el peligro. «Estás tan concentrada en hacerlo bien y en ayudar que el miedo al contagio lo tienes cuando llegas a casa. Daba más pesadumbre ver tanto drama. Esto no puede estar ocurriendo, es una barbaridad», pensábamos.