Crítica de «La gran mentira»: El placer de dejarse engañar
La historia no empieza mal y cabe presumir que por escrito los baches son más llevaderos
Federico Marín Bellón
Bill Condon vuelve a fiarlo casi todo a sus dioses y monstruos, que esta vez se llaman Helen Mirren y Ian McKellen. Entre los dos intérpretes británicos suman más de siglo y medio de sabiduría, capaz de dar sabor al guion más soso. El escrito por Jeffrey Hatcher a partir de la novela de Nicholas Searle no es insulso, ni mucho menos, pero parece más propio de uno de sus trabajos televisivos, de «Colombo» a «El mentalista», con apariencia de inteligencia y la profundidad justa, para que no se ahogue nadie.
El envoltorio que ofrece el director a todo el conjunto, sin estrecheces presupuestarias en ningún apartado, termina de convertir este estreno en un plan más que apetecible para disfrutar el puente, al menos para ese público con alergia a los superhéroes y el exceso de palomitas.
La historia no empieza mal y cabe presumir que por escrito los baches son más llevaderos: un pillo profesional teje una tela de araña en la que cae una viuda con una deslumbrante cuenta corriente. El cortejo y la perpetración del avieso plan, obstaculizado lo justo por el hijo de la dama, Russel Tovey (actor de moda), avanza con calculada dosificación.
Confiesa Condon en la crónica de al lado que no estaba seguro de cuánta información debía dar al público. Pues bien, ofrece demasiada. Lo suyo es un remate a gol telegrafiado, que da tiempo de sobra al portero para que prepare la palomita (hablando de...). Todo es tan correcto en su ejecución que, pese a todo, el espectador llega al punto de disfrutar el trance. Se deja engañar con docilidad, o no, con la satisfacción que proporciona un trabajo bien hecho. Si alguien logra sorprenderse en los últimos giros saldrá del cine incluso feliz, pero ni las imágenes ni las declaraciones del equipo de la película, ni cualquier cosa que puedan leer sobre ella, ayudará a mantener el misterio.
Que Mirren y McKellen disfrutaron en su primer filme juntos parece una evidencia, o quizá son tan buenos actores que incluso ese detalle es una pequeña farsa. Saboreen su talento, porque aquí lo de menos es el resultado final.