Crítica de «El joven Ahmed»: El niño soldado
Película bastante desesperante sobre los primeros pasos de un soldado preadolescente dispuesto a matar y a inmolarse por Alá
Antonio Weinrichter
He aquí una película bastante desesperante sobre los primeros pasos de un soldado preadolescente dispuesto a matar y a inmolarse por Alá. Intenta cumplimentar una «fatwa», una sentencia de muerte inapelable, cuyo carácter fatídico se acentúa por el hecho de que la víctima designada es alguien muy cercano: una profesora de árabe que tuvo de niño y que le muestra gran afecto.
Digo que la película es desesperante porque no ve atisbos de esperanza: ejecutar la sentencia es lo único que motiva al joven. Hay interrogatorios y terapias, diálogos y discusiones con la madre y con quienes tratan de apartarle de su vocación asesina; y apenas un par de escenas con el sibilino imán que inocula el veneno del sacrificio en su mente. Pero todas las preguntas quedan sin respuesta, las que le hacen y las que nos hacemos nosotros, y tampoco se entiende la letal eficacia de la propaganda presuntamente religiosa de su asesor espiritual.
La idea de que no podemos «asomarnos al interior» de la mente de Ahmed es una nueva instancia, en este caso especialmente trágica, del método de trabajo o del estilo, propiamente dicho, de los hermanos Dardenne, esos peligrosos acaparadores de premios en todo festival al que concurren. Ese método es puramente observacional, como se dice del documental, o behaviorista si así lo prefieren: como ocurría con las inolvidables Lorna y Rosetta, o con «El niño de la bicicleta», por citar algunos de sus títulos anteriores, aquí solo vemos la conducta externa de Ahmed, sus rituales cotidianos... Pero ni siquiera eso sirve para frenar una flecha humana que alguien ya ha disparado.