La persistente cultura del PRI
El régimen de Morena cumplió un año al frente del Gobierno de este país y el aniversario necesitó de la correspondiente celebración, o sea, de un gran acto de masas en el Zócalo de la capital de todos los mexicanos. No podía tampoco la plaza principal de la nación ser ocupada nada más por los espontáneos seguidores del presidente de la República —así sean sus adoradores legión, como indican las encuestas— sino que fue necesario poblarla de ciudadanos debidamente motivados, o sea, autóctonos a los que se les hubiere conminado —se dice de tal manera, señoras y señores, conminar no es pedir nada más así, por las buenas, sino, como precisa la segunda acepción en el diccionario de la Real Academia Española, “apremiar con potestad a alguien para que obedezca”— a asistir en su condición de empleados públicos sujetos a alguna posible represalia o, en el caso de aquellos que arribaron en autobuses arrendados para la ocasión, fuereños a quienes la tentadora oferta de viajar a la deslumbrante metrópoli, con refrigerio gratis —a cuenta de la casa, es decir— les hubiere resultado punto menos que irresistible.
Y, pues sí, se llenó totalmente el espacio, lo cual era de esperarse, y el primer mandatario no sólo hizo un público recuento de lo logrado sino que puntualizó que las cosas van muy bien. Es más, tan positivos son los resultados que avisó que se cambiarán las leyes supremas de Estados Unidos Mexicanos para que la mentada 4T sea irreversible, o sea, perpetua. Si alguna vez, en un futuro lejanísimo, los votantes deciden que ya no les complace la realidad de lo público y optan por un cambio de modelo, pues lo tendrán muy difícil y a lo mejor hasta imposible.
En fin, lo que llama mucho la atención, miren ustedes, es que en estos tiempos de suprema y radical transformación se sigan desplegando usos y costumbres tan añejos como el acarreo de personas para que desempeñen el papel de figurantes en los actos de masas. Esas prácticas las instauró en su momento el antiguo PRI y si algo parece inamovible, a estas alturas del partido todavía, es precisamente eso, lo de seguir promoviendo el vasallaje de los sujetos en vez de privilegiar su naturaleza de individuos soberanos dueños de su tiempo y de su voluntad. Pero, bueno...
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