Un estudio mitológico sobre el ojo
La edición se complementa con una postal que reproduce una foto de Gaëtan Fouquet de uno de estos ojos inquietantes. Luego Cirlot deambula por los ojos de los cíclopes, ese ojo único que está en medio de la frente y que no es menos estremecedor que el ojo de Dios que todo lo ve, también un ojo único, y luego por los ojos múltiples, un Shiva lleno de ojos (que son en realidad yonis, sexos femeninos), un Indra con el rostro cubierto de ojos, dioses y diosas budistas con ojos innumerables, Argos, el pastor griego de los cien ojos, ángeles románicos con alas llenas de ojos en Santa Maria d’Àneu, la diosa china Kuan Yin, que tiene mil brazos y mil ojos...
Cirlot termina comparando al ojo con el espejo, una asimilación que puede parecer gratuita, pero que nos ayuda a comprender, finalmente, por qué el ojo es tan terrorífico: porque es, de todas las cosas del cosmos, aquella cosa que te ve. Borges comparaba los espejos con la paternidad: no menos extraña es la comparación de Jung del ojo con el seno materno. En el centro del ojo, dice Jung, hay un niño. Y ese niño eres tú.