Makoto Shinkai, el alumno que ya ha igualado a Hayao Miyazaki
Makoto Shinkai ha vuelto a cambiar de registro (dentro del anime) para crear «El tiempo contigo», actualmente en salas de cine españolas. En ella, presenta a Hotaka Morishima, un estudiante de secundaria que se muda a Tokio para dejar atrás su vida en una isla aislada del mundo. Allí conocerá a Akina Amano, una chica con el misterioso poder de manipular y controlar el clima a su antojo. Esta historia, situada de nuevo en localizaciones hiperrealistas (que cualquiera que haya visitado Tokyo puede reconocer), será la encargada de representar a Japón en la categoría de Mejor película internacional (antes conocida como Película de habla no inglesa) en los Premios Oscar 2020.
El país nipón no enviaba una película de animación a la gran noche del cine desde hace 19 años; es decir, desde «El viaje de Chihiro». La película de Hayao Miyazaki regresó con una estatuilla bajo el brazo como «Mejor largometraje de animación» y le valió el apodo del «Walt Disney japonés» al director. Pero lo que conquistó a la crítica cinematográfica no fue la calidad de su animación. El fundador del Studio Ghibli trasladó a aquellos que se acercaron a ver su película a un mundo onírico, uno que no había explorado el género hasta entonces. «Nadie conjura lo fantasmagórico y la moralidad cambiante de los sueños de la manera en que lo hace este maestro de la animación japonés», escribió el crítico de «The New York Times» Elvis Mitchell. Ahora, Shinkai se ha propuesto «forzar» al espectador a enfrentarse a esas realidades incómodas; en este caso, al cambio climático.
Póster promocional de «Your Name»Comparaciones
No es de extrañar que medios especializados le apodaran como «el nuevo Miyazaki», algo que el creador calificó como una «sobreestimación». De hecho, parece que el tiempo y los logros han dado la razón a los críticos (aunque su estilo no tenga tanto que ver como puede parecer con el creador del Studio Ghibli). La obra que más se acerca al estilo del maestro es «Viaje a Agartha». El tercer filme de Makoto Shinkai traslada al espectador a Asuna a un mundo desconocido y mágico, Agartha, en busca de su amigo Shun. Una aventura que, a priori, podría estar firmada por el Studio Ghibli. Sin embargo, cuando uno comienza a ver la película se da cuenta de que no indaga tanto en las tramas de sus personajes secundarios y el conflicto como haría Miyazaki.
Aún así, se antoja lógico que haya una influencia visible de Hayao Miyazaki en la filmografía de Makoto Shinkai, al fin y al cabo su anime favorito (y con el que creció viéndolo una y otra vez) es «El castillo en el cielo» (1986). Sin embargo, la implicación del creador en cada película –donde ejerce la función de guionista, director, productor, director de fotografía y editor– hace que se transformen en proyectos con una clara impregnación personal. «Lo primero que haces es una historia. Luego, usted decide dónde se ubicará la historia y cómo se desarrollará la historia. Y luego, cuando piensas cómo serán las imágenes en este proceso, finalmente piensas en cómo tomar algo del escenario y usarlo, cómo representarlo y cómo hacer que el escenario sea hermoso. Ahí es cuando comienzas a pensar eso. Entonces la historia siempre viene primero», explica Shinkai sobre su forma de trabajar.
Un camino complicado
Shinkai mostró desde muy joven una fuerte pasión por el manga, el anime y la literatura, algo que precipitó que estudiara Literatura Japonesa en la Universidad de Chuo mientras refinaba sus habilidades de dibujo. Tenía claro que quería dedicarse a una de estas disciplinas; sin embargo, la vida tenía otros planes para él. Su primer trabajo lo encontró en la compañía de videojuegos Falcom. Allí, desarrolló durante cinco años los vídeos animados de los principales títulos de la empresa. Esto le sirvió para refinar las técnicas por las que actualmente es alabado y también para conocer a Tenmon, el responsable de la música de muchos de sus proyectos.
Aunque finalmente sí que pudo dedicarse a su verdadera vocación, Shinkai sabe lo importante que es aprender de un tropiezo, y no duda en mostrarlo en sus películas. «La cuestión de ser rechazado es que reflexionas, piensas y analizas por qué te rechazaron. Aprendes mucho más de historias sobre ser rechazado que de historias sobre ser feliz. Por eso prefiero esas historias», concluye.