Una mirada al 2030
El 2030 se ve lejos, pero está más cerca de lo que parece.
En la próxima década, de acuerdo con estudios hechos por expertos en tecnología, la sociedad experimentará cambios debido a los avances en inteligencia artificial, el 5G, las tecnologías emergentes y las criptomonedas.
En el contexto laboral se prevé que el 65% del trabajo que se conoce hoy no existirá porque se transformará incrementado por la automatización, la robótica y la digitalización.
Esto modificará a las compañías de alimentación, transporte, logística, entre otras.
Actualmente, el reto es capacitar a la próxima generación para adaptarse a los cambios, por esta razón la educación es primordial.
Las aulas del futuro plantean programas innovadores con paradigmas en el vínculo con las tecnologías de la información computarizada (TIC) y la educación que promueva el aprendizaje complejo; es decir, la construcción significativa del conocimiento para enfrentar las nuevas formas de vida.
Los ambientes de aprendizaje son más dinámicos, porque los estudiantes demandan más experiencias interactivas y estimulantes, que van incidiendo en aspectos emocionales y cognitivos, tanto para su bienestar como para conocer nuevos retos como la poca tolerancia y la frustración.
La Unesco tiene como objetivo que para el 2030, la educación pueda dotar a la mayoría de las personas las competencias que les permitirán vivir en este entorno en forma amigable con los avances tecnológicos, que cambiarán las formas de comunicación y socialización.
Conseguir esta meta será un trabajo en conjunto del gobierno, la iniciativa privada y de las organizaciones multilaterales que han de construir sistemas inclusivos y equitativos, porque en los próximos 10 años cambiará la dinámica en la que se desarrollará la población.
La relación hombre-máquina será más amplia y específica, por eso desde hoy el enfoque en la inteligencia emocional, en el sentido común y en las habilidades sociales serán talentos decisivos en los nuevos roles para crear una sociedad que asimile el cambio.
MIRIAM COLÍN Y VANESSA AGUILAR
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