Intolerancia a la réplica
El debate de la última oportunidad, así lo llamó La Sexta, fue la primera ocasión de ver uno más civilizado. El hecho de no tener machos alfa en competición propició un tono general más tranquilo, no había nadie supervitaminado, como Super Ratón. Inés Arrimadas, la más propensa al desparpajo, estuvo menos faltona; sin Rufián al lado está menos motivada. Fue realmente increíble que pasara casi media hora y nadie se hubiera interrumpido todavía. Por un momento parecía un país normal, suponiendo que exista uno. Ayudó, puede suponerse, el hecho de que no tuvieran mal rollo acumulado entre ellas, incluso se notó deferencia de colegas de escaño entre Ana Pastor (la expresidenta del Congreso, no la presentadora) y Montero (las dos, también había dos). Por no hablar del respeto entre Pastor y Arrimadas, a años luz de las peleas de sus jefes de filas, Casado y Rivera. Pareció que, si dependiera de mujeres, hubiéramos tenido Gobierno.