Crítica de «The Farewell»: Aranceles afectivos chinoamericanos
Con enorme sencillez, incluso con notable sensibilidad, la película indaga en lo gigante y lo diminuto, en lo colectivo y lo individual, en la tesis y su antítesis
Oti Rodríguez Marchante
La directora, Lulu Wang, es una estadounidense que nació en Pekín y que en esta, su segunda película, juega a reconciliar esos dos mundos que le son tan propios y en realidad tan ajenos mediante esta historia familiar escarbada de su propia biografía y de sus probables conflictos de pertenencia. Su centro de observación es un personaje, una joven, interpretada también por una actriz, Awkwafina, americana pero de origen oriental, que decide ir junto a su familia hasta China al enterarse de que su abuela padece un cáncer terminal, aunque han decidido ocultárselo...
El argumento es el choque, el imán y el juego de lazos y nudos tanto entre la cultura y las generaciones de esa familia, los que emigraron y los que permanecen, y el tono elegido por Lulu Wang deambula entre un humor húmedo y un melodrama lleno de humanismo y sentimiento. Lo magro de la película está en la relación de la nieta y la abuela, una gran interpretación de Zhao Shuzhen, que logra ser la única de la función que ignora la farsa a su alrededor y la inminencia de la muerte, y al tiempo ser la más vitalista y con voracidad de futuro, no tanto personal como familiar. Con enorme sencillez, incluso con notable sensibilidad, la película indaga en lo gigante y lo diminuto, en lo colectivo (familia) y lo individual, en la tesis y su antítesis (Oriente y Occidente).