El PSOE usa a Vox para movilizar indecisos y sigue viendo al PP en 90 escaños
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, intentó cerrar ayer la vía de agua abierta por sus palabras respecto al control de la Fiscalía General del Estado. Aprovechó para ello el altavoz de La Sexta, en su tercera entrevista en dos meses con Antonio García Ferreras. La quinta en lo que va de año.
Sánchez quiso vender sus palabras como un traspiés y lo atribuyó al frenético ritmo de la campaña electoral: «No fui preciso. Son muchas entrevistas, muchas horas». Se le insistióen que si esas palabras significan que se equivocó y así lo reconoció: «Sí. hay que ser humilde». Pero Sánchez en el fondo quitó trascendencia a sus palabras al no dar importancia a las palabras del abogado de Carles Puigdemont que aseguró que utilizaría estas afirmaciones en su estrategia de defensa. Preguntado por su compromiso de traer a Puigdemont a España para que sea juzgado lo ha atribuido a «expresiones» que se utilizan en debates que es compromete es a «ayudar» a la Fiscalía y al poder judicial a que aquellos líderes huidos no estén por encima de la ley. Ese cansancio que el propio presidente reconoció marca cierto estado de ánimo. Aunque hoy Sánchez cerrará la campaña con actos en Madrid y Barcelona y hasta tres entrevistas en radio y televisión. La movilización preocupa, y Sánchez se está sobrexponiendo para intentar combatirla.
No hay en el PSOE nada parecido a la sensación de euforia que se respiraba en la campaña electoral de abril. La incertidumbre que recorría el partido desde finales de verano no se ha disipado. El temor a una abstención generalizada en el electorado de izquierdas y la posibilidad de que el PP puediese competir con ellos en el reparto de escaños son escenarios que se han ido disipando. «Vamos a ganar claramente», aseguran en la dirección socialista. Después de que hace un par de semanas se publicasen algunos sondeos que situaban al PP en los 100 escaños, reduciendo la ventaja del PSOE a apenas una veintena. Ese riesgo lo ven conjurado por completo en el equipo del presidente en funciones. En el entorno de Sánchez mantienen que el PP no va a pasar de los 90 escaños, y atribuyen el mensaje de que están cerca de los 110 como parte de una estrategia «desesperada» por alimentar el voto útil en ese bloque.
Sin embargo, los pronósticos propios de subida de escaños están guardados bajo llave en un cajón. Nadie se quiere arriesgar con pronósticos todavía. En los sondeos no hay noticias de la mayoría cautelosa, ese elctorado templado que Iván Redondo, que se juega más que su propio candidato, estimaba que podría buscar refugio en el PSOE en busca de estabilidad. Eso pasaba por convertirse en principal beneficiario de la caída de Ciudadanos. Ese desplome de Albert Rivera sí parece que cumplirá con los pronósticos de La Moncloa. Aunque no en beneficio directo para el PSOE. Los sondeos que han incorporado análisis de transferencia de votos reducen notablemente el volumen de fugas de Ciudadanos por su izquierda y convierten a Vox y PP, por este orden, en los receptores de su voto.
En el núcleo de poder del PSOE, y de puertas hacia dentro todavía espera, creen posible que las fuerzas entre Ciudadanos y Vox se reequilibren en las últimas horas. Aunque públicamente el presidente en funciones volvióa decir ayer que existe «un riesgo real» de que Vox sea tercera fuerza. Esa posibilidad parece consolidad por el consenso de sondeos, salvo el CIS que tenía un trabajo de campo muy anterior. Pero no hay que olvidar que La Moncloa daba aire también a esa posibilidad de que Vox fuese tercero en la recta final de los comicios de abril
Más allá del «temor» que los socialistas dicen sentir por el auge de Vox no hay duda que los socialistas se han constituído en partícipes de ese gran protagonismo de Santiago Abascal. Una campaña que estaba pensada para transmitir estabilidad e institucionalidad como mensaje principal y que ha terminado por ser una mala copia de la campaña de abril con los socialistas llamando a combatir el fascismo desde sus mítines.
Especialmente desde el debate Sánchez ha hecho del enfrentamiento con Vox el eje de su discurso en la recta final. De hecho, ayer mismo incluyó un nuevo elemento a los motivos que deben llevar a votar al PSOE. A los habituales llamamientos a «romper el bloqueo» y «lograr un Gobierno fuerte» el objetivo de «frenar a los franquistas».
En La Moncloa aseguran que se aspira a conquistar a los votantes más templados de PP y Cs, ese electorado que tradicionalmente oscilaba entre socialistas y populares y que creen que sigue siendo el electorado «que gana elecciones». Y es por eso que Sánchez insiste en ese complejo equilibrio de contentar a todos. La única concesión a Podemos, y a su propio electorado, es que su voluntad es un Gobierno que practique políticas progresistas. Pero no más. En esa aspiración de llegar a esos votantes le llevó a dejar claro que aspira a una geometría variable que incluye a PP y Ciudadanos: «En función de las políticas debemos ir mirando a un lado u otro». Señalando que en cuestiones de estado tiene importantes diferencias con Podemos y que necesita «incorporar» a Casado y Rivera.