El difícil arte de desdoblarse
Los Casals se prodigan más por los escenarios de Barcelona que el violinista Leónidas Kavakos dirigiendo a la Sinfónica de Viena, de modo que quien firma optó por este último concierto. No es que en este campo haya decisiones acertadas o erróneas, pero el melómano que llevamos dentro (sí, lo llevamos) a veces no puede evitar preguntarse por qué no escogimos la otra opción. Este fue uno de esos casos. Kavakos es un violinista de enorme talla, y desde hace más de una década compagina su tarea de solista con la dirección de orquesta. Con todo, el estilo personalísimo y la musicalidad que exhibe no acaba de transmitirse al conjunto orquestal, donde sus ideas quedan disueltas hasta perderse casi por completo.
Así, en la interpretación del concierto para violín de Mendelssohn tuvo que desdoblarse sin llegar a levantar el vuelo con la parte solista ni lograr el control total de la formación. A una buenísima sintonía con la cuerda se opuso una notable desconexión con los vientos, que restó enteros al resultado global.
Este hecho se palpó también en la segunda parte del concierto, con la Primera sinfonía de Brahms, donde la presencia aplastante de la sección de cuerda ahogó a los vientos y, por tanto, a la tensión que el compositor creó entre estos dos planos. Aun así, hubo momentos verdaderamente efectistas y con la firma de Kavakos. Ejemplo de ello fueron los trabajadísimos «pizzicati» que abren el cuarto movimiento y algún otro pasaje con la cuerda como protagonista, los contrastes entre «forte» y «piano» del primer movimiento y la apoteosis final, pero no se llegó a hilvanar un relato solvente.
Tras este monumento del lenguaje orquestal, la propina de la quinta Danza húngara del mismo Brahms -esta sí, con un tempo y unas dinámicas francamente interesantes, hay que admitirlo- fue una guinda facilona para un pastel no demasiado apetitoso.
Música: Mendelssohn, Brahms. Intérpretes: Orq. Sinfónica de Viena. Leónidas Kavakos, violín y dirección. Fecha: 19 de junio. Lugar: Palau de la Música.