Rabia y lágrimas por la cruel muerte de un hombre bueno
David Carragal, de 33 años, tendría que haberse examinado este sábado de las oposiciones a maestro. El viernes pondría rumbo a Pensilvania (Estados Unidos) para incorporarse, otro año más, como monitor de natación en un campamento de verano. En septiembre se instalaría en Londres, donde le esperaba una plaza como profesor para el próximo curso. Pero no cumplirá ninguno de sus proyectos. La madrugada del martes 11 de junio, cuando volvía de las fiestas del barrio de La Florida, en Oviedo, el hombre cargado de planes se cruzó con tres jóvenes que acababan de estrenar la mayoría de edad. Uno de ellos le soltó una patada. Y todo se truncó.