Sobreviviendo al calor con abrigo de plumas
Con el calor del verano solo queremos sentirnos frescos y hacemos lo posible para que esto suceda; climatizando el entorno, tomando líquidos fríos y usando ropa adecuada. Pero ¿cómo logran sortear altas temperaturas la gran diversidad de seres vivos que por la cubierta de su cuerpo pareciera que el calor se les multiplica? La naturaleza ha diseñado formas que les permiten vivir en diferentes ambientes mediante la vasoconstricción o vasodilatación, así como mecanismos de evaporación como la sudoración, el jadeo, o estrategias de conducta.
¿Pero qué sucede con los animales que parecen tener un abrigo que les cubre ya sea verano o invierno?
En esta condición se encuentran las aves, con sus hermosas y variadas plumas, asociadas al centro termorregulador localizado en su sistema nervioso central. Este, vincula la generación de calor a la oxidación de los alimentos la que depende de una buena oxigenación que se logra gracias a la ventilación del sistema respiratorio de las aves mediante su corazón de cuatro cavidades.
Este eficiente sistema cuenta además con la grasa que bajo la piel tienen las aves y con sus plumas, las que se expanden cuando hace frío reteniendo el calor corporal o se pegan al cuerpo cuando hace calor incrementando además la respiración. Como podemos ver las plumas no son problema.
Pero las aves tienen otro aliado para el control de la temperatura que son sus picos. Estas estructuras han sido sujeto de investigación, elementos para la clasificación taxonómica, referencias importantes en la teoría de la evolución y ahora también estructuras que actúan como espacios de disipación del calor. Esta observación la realizó hace 142 años un ornitólogo estadounidense Joel A Allen manifestando que los organismos que mantienen su temperatura corporal al margen del medio externo, presentan, si habitan en climas cálidos extremidades largas y delgadas y en climas fríos más cortas y gruesas. Al analizar los picos como se registra en The American Naturalist se ha encontrado que en muchas especies la regla de Allen se cumple, pensemos en el pico de un Tucán, contra el de un pingüino, o las cacatúas y las gaviotas asociándolas a su entorno natural. Ante estas adaptaciones para la sobrevivencia estaremos de acuerdo con Aristóteles quien decía “La naturaleza no hace nada incompleto ni nada en vano”.