El dilema con las reservas de marfil
Zimbabue, cuyo significado en la lengua nativa es “casa de piedra”, es un país en el corazón de África cuyo gobierno enfrenta un dilema poco ortodoxo. Agobiado por una crisis económica crónica que no alcanza a paliar su condición de polo turístico, pincelado con las cataratas Victoria y sus parques nacionales idóneos para safaris, ha planteado junto con sus vecinos Botsuana, Zambia y Namibia cambiar el estatus de los elefantes en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, con el objetivo de poder así vender las reservas de marfil acumuladas desde 1989 y que tienen un valor de 300 millones de dólares.
La idea es cambiar a los paquidermos del primer piso al segundo del acuerdo internacional, con lo que estas tres naciones podrán comerciar el oro blanco y, de inicio, tener la capacidad de financiar el mantenimiento de los parques nacionales, donde habitan unos 415 mil ejemplares en el censo más reciente, lo que implica una disminución de 110 mil bestias a lo largo de una década a causa de la caza ilegal. Si como alega Vulcan, una ONG conservacionista, cada año son abatidos entre 25 mil y 30 mil animales, la trama se complica junto con el dato de que las hembras paren una cría a la vez con una gestación de 21 meses. El conflicto está a la vista: para cuidar a las poblaciones actuales de la especie se requieren fondos que pueden llegar de la demanda permanente por ese producto desde China y Malasia, pero la amenaza de la extinción tomaría una dimensión mayor.
No todos los países africanos padecen el dilema. En otros parajes del continente negro la situación pinta distinto. Mozambique, por ejemplo, ha pactado con la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, una organización con sede en Nueva York que financia la protección de la reserva Niassa, una zona más grande que Suiza donde no ha caído ni un elefante víctima de cazadores furtivos desde mayo de 2018, después de un frenesí de muerte ilegal que redujo las manadas de 12 mil a 3 mil 675 ejemplares hace tres años.
Con recursos del exterior esta nación introdujo una nueva fuerza policiaca especializada de intervención rápida, un programa de vigilancia aérea con una avioneta y un helicóptero, además de cambios a la ley para endurecer las sentencias a la caza furtiva, en una inmensa región que alberga también especies como leones, leopardos, cebras y ñúes.
A la crisis económica de estos países se añade otra amenaza, la sequía, que este año azota también Namibia, por lo que su Consejo de Ministros ha determinado, a contracorriente de los esfuerzos de los defensores de la vida silvestre y mientras les autorizan la venta de marfil, abrir una subasta de especies con el fin, argumenta, de evitar una mortandad como la del año pasado a causa del cambio climático, que cobró la vida de más de 63 mil animales. Hay 28 elefantes entre los mil animales salvajes que irán a parar a zoológicos, circos y campos privados de caza.
Lecciones y dilemas desde el otro lado del mundo.
@acvilleda