Ociofobia: eso que sienten son los que prefieren no tener vacaciones
El efecto reparador del descanso se transforma, así, en temor a la inactividad y miedo a «no hacer nada», de modo que se genera angustia, que es lo que impide un estado de relajación. «El estrés propio de jornadas diarias agotadoras y exageradamente demandantes genera una adicción a esos estímulos tan intensos y poco saludables, de tal manera que resulta dificultoso cortar ese circuito de excitación constante», afirma Adrados.
El especialista señala, además, que la sociedad productiva y de consumo en la que vivimos fomenta este modelo de acción, que no distingue entre tiempo laboral y tiempo de ocio o descanso. «Para las personas que se adscriben a este modelo multitarea, uno es más valioso cuantas más cosas haga y más resultados obtenga. Así, pueden pasar de una tarea a otra de forma indefinida, sin permitirse tiempos de descanso».
Cómo aprender a desconectar
Debido a este ritmo de vida, para muchas personas estar sobreocupado está bien visto y «no hacer nada» está devaluado. «Todo lo que resulta valorado por los demás se convierte en objeto de deseo, por ello mucha gente elige vivir así e intenta trasladar al resto esa hiperactividad, que puede desembocar en estrés crónico».
Este ritmo diario tan frenético puede ocasionar problemas de ansiedad, por ello el Dr. Adrados recomienda tomar conciencia de la importancia de disfrutar de nuestro ocio y del período de vacaciones.
«La recomendación es bajar nuestras expectativas con respecto a los tiempos de relax para no frustrarse y darse unos días para desconectar. Lo habitual es tardar unos 3 días en pasar de un estado de excitación a uno de descanso».