Luis Francisco Esplá: «En el espectáculo taurino hay concentraciones muy peligrosas de tontos»
Advirtió también que la tauromaquia no son solo derechazos, naturales y pases de pecho, sino que al fondo de ese paisaje se esconden las emociones. «El toreo está lleno de estancias que son abiertas por la llave mágica de los escritores, pensadores, poetas, pintores...», ahondó ayer durante la presentación en la sala Bienvenida de «Quites», la última gran joya de la literatura taurina. Coordinada al detalle por Salvador Ferrer y con el apoyo de la Diputación de Valencia, «Quites» llegaba a la arena madrileña justo el día que se inauguraba la Feria del Libro. «Es posible que dentro de unos años los toros no existan –señaló Esplá–. Si no les da por quemar las bibliotecas, esta revista será una cápsula antropológica para que, dentro de mil o dos mil años, esas generaciones lamenten esa probable extinción cuando lean todo lo que suscitaba el toreo. Dirán: “¡Era una maravilla!”». Tanta es la pasión con la que ha ilustrado esta obra y derramado la tinta con su «Anatomía del miedo», una pieza sencillamente genial, que llegó a compararla con su Medalla de Bellas Artes: «Han sido dos de mis alegrías más grandes», señaló mientras la marquesa de la Vega de Anzo sonreía en primera fila. Junto a Esplá, figuran nombres como Carlos Marzal, Francisco Brines, Andrés Calamaro y Francis Wolff: «Todos chorrean valor al proclamarse taurinos en momentos que no pueden ser peores para la lidia». Ni para la lírica. Cada comentario invitaba a una reflexión: «No pido subvenciones para el espectáculo, pues si las necesitara sería como poner suero para alargar una agonía, pero las instituciones sí deben apoyar la cultura». A su lado, Toni Gázquez, director del centro taurino de Valencia, manifestó la obligación de las administraciones de fomentar este arte. Como muestra, «Quites», jardín de las delicias de los últimos románticos de la Fiesta.
Ya por la tarde, en medio de los pañuelos blancos, un abonado del «3» pidió la oreja para Paco Ureña con la revista. Entre toro y toro, la hojeaba: «Son textos para leer en calma», comentó. La calma que Roca había dibujado el 30M en los tres pases del reloj sin cuerda.