El pecado capital del PSPV y el enojo de Ferraz
Con Ximo Puig asentado como principal barón autonómico del PSOE y con la formación del nuevo Gobierno encarrillada -para encajar a Podemos el número de Consellerias podrían elevarse a quince-, las elecciones municipales tampoco arrojaron buenas noticias para el PSPV en Ontinyent, donde el defenestrado Jorge Rodríguez les ha borrado literalmente del mapa.
Pero el desvelo de los socialistas se centra en Valencia, donde su candidata, Sandra Gómez, llegó a creer que rozaba la Alcaldía. El relevo socialista a Clementina Ródenas deberá esperar a 2023. Para entonces ya habrán pasado 32 años de la última alcaldesa socialista en la tercera capital de España.
Gómez ha escenificado esta semana su malestar con las formas de Joan Ribó, e incluso el aire fresco que enarboló en la campaña ha servido para dar un portazo al despacho del alcalde en funciones, al que plantó por recibir primero a la candidata del PP, María José Catalá.
Sin embargo, a Gómez, abogada de profesión, no le queda otra que alcanzar un mal acuerdo con Ribó antes que un buen pleito. Las matemáticas son tozudas. Solo sirve un pacto entre Compromís y el PSPV. Los dos lo saben y ahora están midiendo sus fuerzas. Y aunque los socialistas han crecido en votos y concejales, sus rivales también lo han hecho hasta el punto de ser el primer partido de la ciudad. Y el PSPV es el tercero. Así las cosas, de aquí al día 15 de junio se volverán a escribir nuevos episodios de un tira y afloja que acabará con la vara de mando de nuevo en manos de Ribó y con los estrategas socialistas meditando si dar una segunda oportunidad a Gómez. Para ello tienen cuatro años por delante.