Bienal para la noche venezolana
La tercera edición de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa llegó a su fin. En la Sala 2 del Conjunto Santander de Artes Escénicas tuvo lugar el diálogo abierto entre Sergio Ramírez, Mónica Lavín y Mario Vargas Llosa, novelista peruano-español galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2010 y el Premio Cervantes en 1994.
Juegos de palabras y el poeta Darío Lancini forman parte de la trama, ubicada en Caracas. Los finalistas fueron Gioconda Belli (por “Las fiebres de la memoria”), Gustavo Faverón (“Vivir abajo”), Antonio Soler (“Sur”) y Manuel Vilas (“Ordesa”).
El ganador agradeció al jurado: “Tener la oportunidad de que las cosas que escribimos puedan ser leídas es un regalo invaluable”. Rodrigo Blanco saludó a los finalistas, para quienes pidió un aplauso del público. De su libro, el venezolano dijo que no lo hubiera escrito de no haber visto a su país “devastado por la dictadura, como la que está actualmente”. “Ciertas sociedades inconscientemente se empujan hacia su propia aniquilación”, agregó. Como exiliado, comentó: “Es una desgracia sin precedentes la que está ocurriendo en mi país”. El autor dedicó el premio a Venezuela.
La charla
Mónica Lavín fue semifinalista de la bienal, con su novela “Cuando te hablen de amor”. En la charla, Lavín recordó que como adolescente leyó “Conversación en la catedral”, novela de Vargas Llosa, por influencia de su padre: “Leer es apropiarse de los libros, y de alguna manera de sus autores”, agregó.
La escritora mexicana preguntó a Ramírez y Vargas Llosa sobre el papel de la novela. Mario se remontó a la sesión matutina de la bienal, cuando la charla literaria le evocó la censura de la novela en la Nueva España. El ganador del Nobel cuestionó las razones desconocidas de la prohibición: “Quienes lo hicieron entendieron profundamente la razón de la novela: las novelas generan un sentimiento de insatisfacción en los lectores”.
La lectura, dijo, genera sorpresa y aprendizaje: “Qué pobre es el mundo real comparado con el creado por los escritores... Un mundo impregnado de ficción es un mundo más difícil de engañar”.
El nicaragüense Sergio Ramírez citó edictos de la época, con la novela como generadora de problemáticas: “Creo que la novela es una necesidad hasta neuronal”, afirmó.
Vargas Llosa comentó sobre el influjo que casi siempre es individual: “Quienes no leen tienen un control pequeño y precario de su propia lengua. Nada enriquece el vocabulario como las buenas lecturas”.
Ramírez tachó de pretencioso pensar que una novela puede cambiar la realidad, al grado de una revolución: “La novela tiene un papel crítico de enseñar cómo es la sociedad”. De la historia del género, Sergio sugirió que la ficción ocupó el rol de las ciencias sociales en otros siglos: “Las novelas eran a su vez tratados”. Al final, Mónica solicitó a los escritores hablar sobre sus personajes femeninos. Vargas Llosa habló de “La fiesta del chivo” y el contexto social de las mujeres en República Dominicana durante la dictadura de Trujillo. Por su parte, Ramírez habló de “La fugitiva”, también novela sobre la marginación femenina.