“Cállate ya, payaso... ¡Que la zarzuela no es así!”
“¡Cállate ya, payaso!”, grita un espectador desde las últimas filas de la platea. “Esto es un timo”, protesta una señora desde el primer piso. “Un poco de respeto”, dice otra a su lado. Todo esto en medio de un alboroto en el patio de butacas que no deja entender lo que el actor Gonzalo de Castro recita sobre el escenario. Es el comienzo del tercer acto de Doña Francisquita y el ambiente en el patio de butacas del Teatro de la Zarzuela de Madrid, principal guardián del género lírico español, está muy caldeado. No es una función de abono, pero aquí el público es siempre parecido: la media de edad no baja de los 60 y la mayoría se sabe los libretos de memoria. Detecta el mínimo cambio y si no le gusta, protesta.