Museo del Horror en Hong Kong
Por mostrar fotos y vídeos de la masacre y objetos personales de sus víctimas, el museo ha sido acosado por los poderosos partidarios del régimen chino y por las trabas burocráticas de las autoridades de Hong Kong, al servicio de Pekín. Reabierto en abril, el Museo del 4 de Junio fue saboteado durante las obras, cuando unos desconocidos entraron y dañaron su sistema eléctrico, y ya vuelve a sufrir problemas.
«La comunidad de vecinos quiere que el portero registre los nombres de los visitantes, lo que echaría para atrás a muchas personas que vienen de China continental para verlo, ya que temerían represalias», explicaba ayer a ABC Lee Cheuk-yan, vicepresidente de la Alianza de Apoyo a los Movimientos Democráticos y Patrióticos de China. Cada día, entre 50 y 100 personas acuden al museo, que también ha sido visitado por los alumnos de 13 escuelas. «Nuestro objetivo es que se sepa la verdad y no se olvide lo que ocurrió, ya que el Partido Comunista está intentando borrar esta tragedia de la historia», se propone Lee, quien asegura tener «una responsabilidad con el pueblo chino porque en Hong Kong tenemos más libertad, pero podemos perderla».
Orgullosa, una empleada del museo asegura que «los visitantes chinos nos animan por difundir lo que no el régimen no les deja ver». Para sortear la censura en internet, lo llaman el «Museo del 35 de mayo».
Además de organizar la vigilia anual en el Parque Victoria, la Alianza ha invertido ocho millones de dólares de Hong Kong (915.000 euros) en este museo que pone el vello de punta. El retrato sonriente de Wang Nan, a quien una bala le atravesó el casco con solo 19 años, o la cámara de Wu Xiangdong, tiroteado con 21 cerca del puente de Muxidi, ponen cara y cuerpo a la tragedia. Con fotografías, periódicos antiguos, carteles explicativos y emocionantes testimonios grabados de supervivientes y periodistas que cubrieron la noticia, la exposición ofrece un recorrido completo por los casi dos meses que duraron las protestas hasta que fueron sofocadas por el Ejército Popular de Liberación.
Sueños rotos
«Nunca olvidaremos lo que pasó hace 30 años, un tiempo de esperanza y luego de desesperación. Es toda una vida de lucha por la democracia contra un régimen autoritario que está empeorando con el presidente Xi Jinping, como se ve en la persecución de disidentes y la represión en Xinjiang y Tíbet», critica Lee. En su opinión, «aquel régimen que disparó contra su pueblo entonces es el mismo que ahora amenaza las libertades de Hong Kong. Por eso necesitamos el espíritu de 1989», dice refiriéndose al cada vez mayor control legal, social y policial que ejerce Pekín.
A sus 62 años, este antiguo sindicalista y diputado del Parlamento local sabe bien de lo que habla. Solidarizándose desde el primer momento con las protestas, hace tres décadas viajó hasta Pekín para llevarle a los estudiantes un millón de dólares de Hong Kong recaudados con donativos. «Pero la Policía me arrestó en el avión de vuelta el 5 de junio y me retuvo tres días para interrogarme hasta que firmé una confesión. Por supuesto, confiscaron el dinero», rememora ante un mural con una foto de la estatua de la libertad que presidió aquellos días la plaza de Tiananmen.