SGAE, del caos al desprestigio
Los últimos en llegar, el equipo de la presidenta Pilar Jurado, no son los culpables, desde luego, de una crisis que hunde sus raíces en sumarios judiciales desde 2011. Pero sí son los responsables designados para sacrificarse y terminar con esa crisis en la que habrá que sanear desde los cimientos. Y el Ministerio de Cultura, encargado de la «inspección, vigilancia y control sobre las entidades de gestión» por la Ley de Propiedad Intelectual, debe arremangarse y acelerar la intervención si no hay remedio. Y hay que aclarar el papel de las cadenas de TV asociadas a la Rueda en todo lo sucedido. Demasiados síntomas señalan la falta de pulcritud y controles sobre una recaudación millonaria. Y eso lleva al núcleo del problema: la SGAE reúne autores y editores de diferente naturaleza e intereses contrapuestos. La única salida es lograr una gestión neutral, técnica y societariamente irreprochable. Los titulares de derechos deben alejarse de las decisiones ejecutivas sobre recaudación, tan lejos siempre de la equidad y bajo sospecha para el resto. Esta SGAE mal gobernada ha enriquecido sin medida a unos pocos y empobrecido la cultura y la imagen exterior de España de manera inaceptable.