Las tres opciones del Brexit
En el fondo, Irlanda es un debate que versa sobre el grado de sujeción en el futuro de los británicos a estándares europeos. En la isla se mantienen los acuerdos de paz de Viernes Santo porque toda ella aplica la normativa comunitaria sobre libre circulación y mercado interior. Si el resto del Reino Unido diverge respecto del Ulster y desarrolla una relación económica menos intensa con Bruselas, habrá creado una frontera en el mar de Irlanda. El dilema para los euro-escépticos es peliagudo: la estabilidad irlandesa, aceptando normas europeas sin que los británicos estén ya representados en la UE, versus la libertad para regular la economía desde Londres y firmar distintos acuerdos comerciales. Mientras deshojan la margarita, la salida sin acuerdo es una posibilidad real, mala para todos. A cambio, por primera vez se puede frenar el Brexit, si suficientes miembros de los comunes desatan una crisis política en las próximas semanas. Con independencia de que el Gobierno de May consiga en tiempo de descuento un pacto de salida, el Parlamento soberano tiene la última palabra. Con la ayuda de Angela Merkel y Emmanuel Macron, las bancadas de Westminster pueden hacer posible la reconsideración de una salida en la que nadie gana.