Chantajeándose
Esta vez la señora Calvo ha superado aquello que dijo hace años de que el dinero público no es de nadie. Aunque está a punto de que su inmediato superior que tras haber presentado en Bruselas un borrador de presupuestos en los que, por pura matemática, se aumentaban las cuotas de los autónomos una barbaridad al haberse subido el salario mínimo, suelta en el Parlamento que eso no va a ser así, porque tal subida no puede ser y va a ser eliminada por un decreto ley. O sea, que lo que presentó en Bruselas era papel mojado, una engañifa para que que la Comisión europea haga la vista gorda con unas cuentas que ni ellos mismos se creen. Y no les digo nada con haber aceptado que sea Pablo Iglesias quien se encargue de convencer a Junqueras de que acepte esos mismos presupuestos que Tardá y otros líderes independentistas en libertad juran que ni siquiera se sentarán a la mesa a negociar mientras el gobierno no haga gestos claros de que se propone sacar a los encarcelados de sus celdas. Con un ministro de asuntos exteriores que apuesto lo que sea a que no se atreverán a hacerlo.
Este es el panorama que tenemos, chantajes, mentiras, amenazas y crispación por todas partes. La gente empieza a estar asustada por esta algarabía y desconcierto. No es la primera vez que la gente me para en la calle para preguntarme qué va a pasar. Sin que pueda decirle otra cosa que si bien los que han armado este lío son demasiado cobardes para llegar al último extremo, las fuerzas que han desencadenado no van a ser fácil de sujetar y en cualquier momento puede ocurrir algo irreparable. Más, teniendo al frente del gobierno alguien que ha demostrado más osadía que sentido de Estado.