Tiempos para la responsabilidad
(S.M. el Rey, octubre de 2002)
A lo largo de los años, he tenido ocasión de ser testigo en muchas ocasiones -como patrono, como miembro de los jurados y ahora estoy seguro de que lo seré como presidente de la Fundación Princesa de Asturias- de la expectación que, durante unas horas, vive la ciudad de Oviedo con motivo de la llegada de los premios Princesa de Asturias. Y, sobre todo, he sido testigo y partícipe de la calurosa y entusiasta reacción de los asturianos, que recibimos a todos y, en particular, a SS.MM. los Reyes, con alegría, con espíritu positivo y también, claro está, con sano orgullo.
La ceremonia de entrega de los premios reúne una serie de características que la hacen especial y que la han convertido en un acto cultural diferente y relevante, uno de los más destacados, de hecho, de la agenda internacional. Es, además, solemne, y está cargada de simbolismo y llena de momentos emotivos y significativos: por la presencia de los premiados, por sus discursos, por la implicación del público, por la repercusión mediática, por las palabras del Rey.
Cada año, el teatro Campoamor de Oviedo se transforma por unas horas. Para quienes formamos parte de la institución todo lo que allí sucede es en buena medida el resultado de un intenso trabajo que llevamos a cabo con enorme ilusión a lo largo de los meses. Pero no lo hacemos solos. No podríamos hacerlo. Necesitamos el apoyo de muchas personas que nos lo brindan de forma generosa e inolvidable: los jurados de cada uno de los ocho galardones, los medios de comunicación nacionales e internacionales, nuestros patronos, todos los que trabajan con nosotros preparando los distintos aspectos de una ceremonia intensa que quiere ser, por encima de todo, una muestra de gratitud y de homenaje hacia los premiados y de respeto por su obra.
Nuestra tarea fundamental es mantener vivos todos los criterios que nos han ayudado a construir una historia sólida y fiable, que comenzó en 1980 y que se ha consolidado con el paso de los años. Pese a que los tiempos han cambiado mucho desde entonces, seguimos queriendo mejorar todo aquello que sea preciso para que la institución, sus premios y todas sus actividades refuercen su significado y su relevancia.
Porque nuestra historia se asienta, sobre todo, en un vivo deseo de compartir todas estas emociones con la sociedad y en nuestra voluntad de dar a conocer esa ejemplaridad que los premiados representan, así como su manera de compendiar algunos de los mejores valores que aspiramos a cultivar y encontrar en nuestra convivencia diaria.
Y es que cuando nos referimos a los premiados estamos hablando de inteligencia, de honradez, de solidaridad. Estamos hablando de tesón, de anhelo de perfección, de talento, de amor por el conocimiento. Hablamos de personas que trabajan con intensidad, que siguen su camino con claros principios y firmes propósitos. De personas que nos ofrecen, con su sacrificio y su coraje, una obra plena y excelente. En esta edición, hablamos del cineasta estadounidense Martin Scorsese; de la periodista mexicana Alma Guillermoprieto; de la ONG Amref Health Africa y su oficina en España Amref Salud África; de los alpinistas Reinhold Messner y Krzysztof Wielicki; de la escritora francesa Fred Vargas; del filósofo estadounidense Michael J. Sandel; del biólogo sueco Svante Pääbo y de la oceanógrafa estadounidense Sylvia A. Earle. Todos ellos, aunque por caminos diversos y distintos, son los depositarios de una obra tan importante como trascendente. La obra de grandes mujeres y hombres.
Por otra parte, la Fundación se nutre y comparte con la sociedad inquietudes intelectuales, gustos y preferencias. En este sentido, necesita de todos para tener éxito en sus iniciativas y proyectos, la mayor parte encaminados a extender la obra de los premiados, sus descubrimientos, sus motivaciones y sus reflexiones. Y a hacer pública nuestra admiración por ellos.
Quien mejor lo ha expresado ha sido S.M. el Rey. En estos tiempos en los que, a menudo, sentimos que los acontecimientos se suceden a tal velocidad que es difícil poder reflexionar de forma adecuada sobre ellos y sobre sus consecuencias, sus palabras son un estímulo y una inspiración. De la repercusión social de los premios nos habló en la edición del año pasado: «La entrega de nuestros premios en Oviedo ha sido siempre un acto de reconocimiento de valores cívicos y de principios morales. (…) Y en estos tiempos duros y difíciles que vivimos, es necesario más que nunca reivindicar los principios democráticos en los que creemos y en los que se sustenta nuestra vida en común. Son tiempos para la responsabilidad. Nuestros ciudadanos lo merecen. Unos ciudadanos que desean convivir y progresar en paz y que diariamente ofrecen un ejemplo de sacrificio, entrega y compromiso con su país».
Son palabras que nos animan a todos a mirar al futuro con esperanza. Por ello nuestra labor está especialmente dedicada a los más jóvenes y a los niños, depositarios de ese futuro, que ellos tendrán que construir. Para ellos llevamos a cabo también una serie de actividades con las que pretendemos inculcarles la pasión por el saber, el gusto por la belleza, la necesidad de ser solidarios, el afán por mejorar y por poner en juego todas sus capacidades. Es una parte de nuestra actividad que nos proporciona, también, muchas satisfacciones y que es siempre acogida por el público con una respuesta entusiasta y muy emotiva.
Llega hoy para la Fundación el día de demostrar, y lo hacemos muy ilusionados, que el trabajo hecho merece la pena. El día de demostrar que más allá de las luces, cuando todo termina, será preciso seguir trabajando por la consolidación de los valores cívicos y culturales que nos conducen hacia un mundo mejor. Seguir trabajando, con nuestros medios, para destacar y reconocer la labor de esas personas e instituciones que nos recuerdan, con sus vidas y con su obra, que algunos de nuestros sueños pueden ser posibles.
Nuestros premiados hacen realidad aquella idea de que debemos procurar ser padres de nuestro porvenir más que hijos de nuestro pasado.
Luis Fernández-Vega Sanz es presidente de la Fundación Princesa de Asturias