Clara Campoamor: una vida ejemplar española
Campoamor, en una Tercera de 1931 - ABC
En 1931, de las tres diputadas de las Cortes Constituyentes, fue la única en defender y obtener el sufragio femenino, enfrentándose a su propio partido. Como legisladora apoyó el divorcio y se opuso a la cooficialidad del catalán proponiendo que se garantizara la enseñanza en español en todos los colegios. Su popularidad fue inmensa pero no volvería a ser elegida diputada.
Durante los diez primeros meses de 1934 fue Directora General de Beneficencia, desplegando una actividad desbordante, consiguiendo la aprobación de un decreto fiscalizando las fundaciones privadas, un censo de mendigos, un registro de asistidos, etc. También abordó las dificultades de los ciegos. En 1936 la sorprendió el Alzamiento en Madrid. Consiguió huir y llegar a Suiza, alojándose en casa de Antoinette Quinche. Sus vivencias del terror de la retaguardia los plasmó en «La revolución española vista por una republicana» (1937) primer análisis del final de la II República y de los orígenes de la Guerra Civil. Más tarde, ya en Argentina, publicó con Fernández Castillejo «Heroísmo Criollo», alabando la generosidad argentina que proporcionó asilo a numerosos refugiados en los navíos Veinticinco de Mayo y Torpedero Tucumán. Durante su exilio sobrevivió trabajando, publicando sus biografías de Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz y Concha Espina, traducciones de obras francesas e infinidad de artículos. Trató varias veces de regresar a España pero el Régimen no lo permitió. Los últimos quince años de su vida los pasó en compañía de la familia Quinche, en Lausana, donde murió olvidada. Su figura sólo fue recuperada a partir de 1981 gracias a la biografía que le dedicaron Concha Fagoaga y Paloma Saavedra.