Réquiem final por Gerardo Fernández Albor
El hombre que llegó a la política por casualidad después de haber sido de todo —cirujano, aviador, intelectual— hizo compatibles aquellas tres convicciones con la debida lealtad a su partido. El PP le lloró en el congreso del pasado sábado y volvió a hacerlo ayer, con la presencia en Santiago de su nuevo líder, Pablo Casado, o de la presidenta del Congreso, Ana Pastor.
El recién entronizado presidente popular estrenó agenda en Galicia para rendir tributo al «gran humanista», al presidente austero, y para ofrecer su admiración por la principal obra política de Albor: el «galleguismo inclusivo» del que hoy beben Feijóo y el PPdeG, trampolines de Casado en su llegada a la cúspide de la calle Génova. «Quiero tenerlos cerca», enfatizó a su llegada a la Catedral.
Porque en Casado insiste en querer hacer un sitio a todos dentro del nuevo PP. En una nueva versión del discurso del «todos juntos», tendió la mano al sector «sorayista» derrotado en el congreso y aclaró que el rearme ideológico de la formación no era tanto un regreso a las esencias de la derecha, como una recopilación de «ideas tranversales». La unidad de España, la honestidad, la defensa de la familia, la libertad individual y el apoyo a las víctimas del terrorismo «son cinco principios que suscribirían muchos votantes de izquierdas», matizó.
A su lado escuchaba Feijóo. En esta ocasión no reiteró —como viene haciendo en las últimas horas— que «probablemente» se hubiese presentado a la carrera por el PP si no tuviese un mandato que agotar en Galicia, pero sí le ofreció a Casado su opinión, «si me la pide y en aquello en lo que pueda aportar». «El presidente lo que necesita es apoyos, y el mío lo tiene de forma incondicional», zanjó el barón popular.